CHUS BLASCO / Innovación y transformación financiera

Lo que he aprendido de finanzas

En un estudio internacional se ha preguntado a directivos financieros sobre cuál es su estrategia para salir de la crisis, y la respuesta mayoritaria ha sido ¡reducir costes! Lo leo en un post de Innolandia sobre innovación. Sin duda, hacen falta más financieros con un marco mental distinto, y ¡es urgente! Por alusiones a mi profesión, cambiar el mindset del control de costes a la creación de valor es un proceso evolutivo que me ha llevado muchos años, así que aprovecho para explicarlo en primera persona.

Visto en retrospectiva, lo más relevante y difícil ha sido la necesidad de desaprender creencias que ya no son válidas. Mi formación financiera inicial me sirvió de forma excelente durante los primeros años de experiencia en grandes empresas para tener el trabajo que había imaginado y que me gustaba. Los números es mi hábitat natural en el que me siento cómoda y en él continué al empezar como autónoma en 2001. El primer cambio profundo, al cambiar de multinacionales a pymes, se debía a que el contexto era distinto. Mis referentes tuvieron que cambiar, lo que yo había aprendido no era aplicable y fui adaptándolo poco a poco a los nuevos problemas que debía afrontar como consultora para empresas que no tenían una gestión financiera profesional.

Lo que había aprendido de finanzas era la base del conocimiento, pero ya no era directamente aplicable. Fui haciendo mi propia investigación de cómo debían organizarse de forma sencilla los procesos financieros de una empresa para evitar problemas de liquidez. Creé mi propio método adaptado a la realidad de las pymes a medida que lo probaba con un grupo de empresas que crecía a una tasa desmedida como consecuencia de la expansión constructiva de la primera década del siglo. Cuando conseguí que el método funcionara, prescindieron de mis servicios.

 

El destino (triste) de un financiero

Ser financiero en una empresa con dificultades de tesorería puede convertirse fácilmente en una pesadilla. La persona que ejerce la función financiera recibe las consecuencias de las decisiones sobre el negocio y que se acaban trasladando en tesorería que fluye o que no. El financiero, es percibido como “el culpable” de que no haya suficiente efectivo para hacer los pagos. Si es el día en el que se supone que debo cobrar el sueldo y no lo cobro, necesito poder enfadarme con alguien… El financiero siempre es la figura más oportuna para hacerlo. Las personas no atendemos a muchas razones cuando se trata de los básicos. Para su desgracia, como el financiero es responsable y no quiere tener este tipo de problemas, antes de llegar a esta fecha fatídica, pasa todos los días hablando con distintas entidades financieras, buscando alternativas de financiación, hablando con proveedores para aplazar posibles pagos, reclamando cobros retrasados de clientes…  Es decir, haciendo tareas que no haría falta hacer si los flujos de líquido no estuvieran “atascados” por causas que normalmente están fuera de su ámbito de acción e influencia. El triste destino del financiero de una pyme es que cuando hace un trabajo excelente y las finanzas están sanas, nadie lo ve y no se le reconoce. Cuando las finanzas no están sanas, se sienten culpables, o peor, les hacen sentirse culpables y/o les sustituyen, como me pasó a mí.

El camino de mi aprendizaje ha sido mucho más de dar tumbos que de seguir una hoja de ruta. La buena noticia es que ahora, mirando hacia atrás, sí soy capaz de definir la ruta de la transformación que debería seguir alguien que quiera ayudar a personas que dirigen empresas a que mejoren resultados sin aumentar sus deudas con los bancos.

 

Menos formación y más transformación

El método de formación debe ser otro. Aprender a resolver problemas complejos exige un desaprendizaje, un cambio en las creencias que nos acompañan cuando hemos estudiado finanzas en una escuela de negocios. Menos costes no, ¡más valor! Aprender a gestionar de forma sostenible las finanzas en una pyme, exige una transformación.

La innovación surge de la necesidad. Para mejorar las finanzas de una empresa, hay que comprender el sistema y perseguir ¡que los flujos de tesorería no se encallen! Hay que dejar de pensar en el endeudamiento como una solución. Una empresa que construye valor con su conocimiento no debería mirar a los bancos como un socio colaborador, sino como un proveedor de servicios que es útil sólo de forma temporal, hasta que tengas suficientes reservas para no necesitarlos. El conocimiento útil es circular, porque sirve para mantener el ciclo de vender, producir, facturar, cobrar, de forma que tenga sentido para nuestros clientes. La mejor fuente de financiación son los clientes que pagan porque resolvemos sus problemas. Poder elegir mejores clientes va a mejorar las finanzas mucho mejor que ningún préstamo.

Las empresas necesitamos que el ecosistema que hemos creado (de relaciones personales con clientes, trabajadores, proveedores y colaboradores) perdure en el tiempo. Que nuestra supervivencia dependa de la deuda, sólo debería ser consecuencia de una emergencia. Como ahora. Lo más razonable para cualquier empresa en las circunstancias actuales es ampliar su capacidad financiera. Y en el minuto siguiente, empezar a preparar un plan para desendeudarse. Bienvenidos a la era de la transformación financiera sostenible.