CHUS BLASCO / ¿Hay riesgo de un nuevo colapso financiero?

El fenómeno de la financiarización

Sin duda, el sector financiero es clave para facilitar el crecimiento de la economía. Pero lo que ha sucedido en las últimas décadas en los países más avanzados puede llevarnos al colapso, a tener un nuevo Lehman Brothers. Lo afirma en una entrevista Raphael Nagel, especialista en reestructuración y refinanciación de la deuda, después de 17 años trabajando en finanzas internacionales para varios bancos y fondos de inversión. Nagel se confiesa decepcionado por la avaricia de los grandes capitales por ganar mucho dinero con muy poco esfuerzo, perjudicando a las personas, especialmente a las más modestas. Ha publicado Turbocapitalismo: los maestros de la quiebra, donde refleja escándalos de la vida política económica y judicial de España. Es especialmente crítico con la banca española, a la que acusa de venderse la deuda a “fondos buitre” en lugar de tratar de conseguir soluciones productivas a los créditos impagados, como sí se hace en Alemania. Su mensaje final en la entrevista es claro: “Es necesario educar a la gente en temas económicos”.

 

La lata de sardinas

Cada vez que leo un artículo o una entrevista donde se menciona la necesidad de mayores conocimientos de finanzas por parte de los ciudadanos, recuerdo el relato de la lata de sardinas. El profesor de Economía Luis de Sebastián (1934-2009) explicaba estaba anécdota en un artículo a principios de octubre de 2008, unas semanas después de la caída de Lehman Brothers, con el objeto de hacer comprender el origen de la crisis financiera. La historia es como sigue:

“Una persona recibió de un amigo, en pago de un favor, una lata de conservas sin etiqueta alguna, la cual, sin embargo, llevaba sobre el desnudo metal tres aes marcadas con tinta china. Esa triple A, le dijo el primero, indica que el contenido es de primera calidad y que puedes vender la lata por lo que le puedas sacar. La persona, que no podía desconfiar de su amigo, creyó que tenía algo valioso en sus manos. Cuando más tarde necesitó comprarse un traje, fue al sastre y le convenció de que su lata de conservas valía tanto como el traje porque tenía tres aes y le instó a que se lo aceptara a cambio del traje. El sastre, que no podía dudar de la palabra de su cliente, le aceptó encantado la lata. Este, a su vez, se la dio en pago al dentista y el dentista, al economista que le había hecho un estudio de factibilidad para una consulta nueva. El economista, hombre desconfiado por naturaleza, decidió abrir la lata de conservas y averiguar si su contenido era tan valioso como decían. Para su sorpresa, se encontró con que la lata contenía un canto rodado, un trozo de papel de estraza y una raspa de sardina. Era una lata de basura. El economista pidió al dentista que le pagara el estudio, el dentista al sastre que le pagara el empaste, el sastre al amigo que le pagara el traje y el amigo a su amigo que le pagara el favor. La lata había servido para pagar bienes y servicios por un valor de unos cinco mil euros. La persona que puso en circulación la lata no los tenía y, cuando se lo reclamaron, tuvo que ser declarada en quiebra.”

Han pasado casi 8 años desde aquel artículo de octubre de 2008, donde Luis de Sebastián acababa concluyendo: “El susto ha sido tan grande y la amenaza de un colapso general del sistema financiero tan real que los cambios en el sistema son inevitables.”  

La financiarización

A pocos días del octavo aniversario del crack del 2008, no parece que el sistema se haya transformado para evitar un colapso similar. Es la conclusión a la que podemos llegar a partir de las declaraciones de Rana Foroohar, adjunta al director de la revista Time. Ha publicado un libro polémico con el título de “Makers and Takers: The Rise of Finance and the Fall of American business”, que ha generado un interesante debate en Estados Unidos.

Dice Foroohar que “la enfermedad económica de Estados Unidos tiene un nombre: la financiarización”. Lamenta que la obtención rápida de beneficios es la ideología que impera en el sector financiero, y que esta forma de pensar también se ha extendido a grandes empresas. Según sus tesis, existen suficientes datos para concluir que la antigua lógica de inversión a largo plazo ha dado paso a la avaricia desmesurada de resultados a corto plazo. Debido a ello, el peso de las finanzas en la economía de Estados Unidos no ha dejado de crecer alcanzando un 7% del PIB, mientras que la creación de empresas ha disminuido, los salarios son más bajos, y la desigualdad ha aumentado.

Pero la financiarización no se centra tan sólo en Estados Unidos, sino que es la economía global la que está dictada por los mercados financieros. La experiencia de Nagel y la polémica que origina Foroohar debería dar pie para cuestionarnos la función de los mercados y de las instituciones financieras. Es necesario tomar conciencia de que la creación de una industria de servicios que genera dinero a partir del dinero mismo, acaba promoviendo actividades y comportamientos que estimulan la avaricia a cualquier precio. Tal como Foroohar sentencia: “No se puede tener una recuperación sostenible e incluso una economía funcional sin un sistema financiero que esté al servicio de la economía real y de los negocios reales.

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