CHUS BLASCO / Hablemos de renta básica universal

Una idea revolucionaria para el siglo XXI

Rutger Bregman es un joven pensador e historiador holandés, y es el autor del libro “Utopía para realistas”, donde nos invita a soñar con la utopía de la renta básica universal. Un reciente artículo suyo en la revista digital World Economic Forum (A growing number of people think their job is useless. Time to rethink the meaning of work) me ha llevado a indagar más sobre su propuesta. Bregman reflexiona sobre la forma en que nuestra definición del trabajo es especialmente estrecha, porque sólo cuenta el trabajo que genera dinero y que aparece en el PIB, mientras que, por ejemplo, numerosas personas que se dedican al cuidado de enfermos, ancianos y niños sin percibir remuneración alguna no constan como trabajo. Pero además nos muestra la otra cara de la moneda, que es la cantidad de profesionales con fantásticos perfiles en Linkedin y magníficos salarios que cuando vuelven a sus casas cada día piensan que su trabajo no sirve a ningún propósito. O sencillamente que preferirían librarse de un entorno tóxico del que no saben cómo escapar.

Confieso que hasta hace pocos meses no consideraba que la renta básica universal fuera una idea que mereciera la pena contemplar más allá de la discusión académica y teórica. Pero cada vez hay más expertos tomándolo muy en serio como alternativa. Después de leer y escuchar a Bregman en diversos artículos, entrevistas y videos, he cambiado mi perspectiva sobre el tema, y puedo verlo desde un enfoque totalmente nuevo a como lo veía hasta hace tan solo algunos meses. Su punto de vista, de algún modo me ha seducido. Antes de empezar a escribir las primeras notas sobre el artículo, le he preguntado a mi hijo mayor, cuál era su opinión sobre la renta básica universal. Me interesa su punto de vista sobre temas económicos porque es estudiante de Administración y Dirección de Empresas, y por edad su opinión está menos sesgada que la mía. No ha dudado en su respuesta: “es una utopía”.

Es cierto que mientras pensamos que es una utopía, no avanzamos imaginando qué representaría si fuera posible su implementación. Bregman cree en la libertad individual de las personas y afirma que nuestra sociedad es burocrática y paternalista. Estoy totalmente de acuerdo con su diagnóstico. En una entrevista reciente en El Pais, explica su enfoque de este modo: “la renta básica es la planta cero de la distribución y es incondicional”. Considera que sería “el logro más importante del capitalismo. Obviamente, para hacerlo posible deberían reemplazarse algunas partes del estado del bienestar. Por un lado, es evidente que los resultados de la supuesta protección de derechos sociales por parte del Estado en las últimas décadas no han sido en absoluto satisfactorios. Además, está ampliamente demostrado que es más económico erradicar la pobreza que combatir los síntomas que provoca.

 

Argumentos en contra

Bregman defiende que el progreso debe venir de una nueva distribución del dinero y el tiempo. En la charla TED Why we should give everyone a basic income, resume los tres principales argumentos esgrimidos por aquellos que están en contra de la renta básica universal. El primero, obviamente, es que es demasiado caro y no hay dinero para implementarlo. El segundo es que la mayoría de personas dejarían de trabajar. El tercero es que es una utopía y como tal, no sucederá.

Sin duda, la renta básica universal sería un derecho costoso. Antes de dejar de considerarlo como una opción “porque no nos lo podemos permitir”, podríamos debatir ampliamente sobre la efectividad del gasto público. Podríamos debatir, por ejemplo, sobre la (in)capacidad de los gobernantes de mejorar los servicios que reciben los ciudadanos sin aumentar la deuda, sobre las incontables inversiones fallidas que son a cargo de los ciudadanos, o sobre el elevado coste de una burocracia que es incapaz de evitar el aumento de los problemas sociales.

¿Las personas dejarían de trabajar? Tenemos tan interiorizado que el trabajo es lo que ha mantenido la economía y el equilibrio de las sociedades en el último siglo, que hemos subestimado los efectos de la precarización laboral de la economía digital. Aprendimos que el capitalismo permitía avanzar a las personas que se esforzaban lo suficiente, y que la pobreza era un daño colateral. Pero este sistema ha quebrado y cada vez hay más personas que teniendo un trabajo, no perciben suficiente dinero para vivir con dignidad. Los experimentos de implementación de renta básica efectuados en diversas partes del mundo demuestran que la mayoría de las personas quieren seguridad para poder tener opciones y poder elegir qué hacer con sus vidas. “La pobreza no es falta de carácter, es falta de dinero”.

Finalmente, en relación al hecho de que la renta básica universal es tan sólo una utopía, Bregman argumenta que “las utopías tienen una tendencia a convertirse en realidad”. La democracia, el derecho a voto de las mujeres, los derechos laborales… la historia demuestra que el progreso ha convertido en realidad ideas que en su momento eran muy poco razonables. ¿Acaso no es el progreso la realización de las utopías? La cantidad de talento desperdiciado por culpa de un sistema económico absolutamente inefectivo en asignar recursos debería estimular el debate de un nuevo paradigma. Deberíamos darnos la oportunidad de ser colectivamente ambiciosos y considerar la renta básica universal como una posibilidad de reorganizar un nuevo estadio evolutivo del progreso humano.

 

 

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