CHUS BLASCO / ¿Es posible crear una economía estructurada a través del altruismo?

Programados para colaborar

¿Es posible crear una sociedad y una economía estructurada a través del altruismo, sustituyendo a la avaricia y al querer ganar a toda costa? El documental La revolución altruista descubre una nueva mirada sobre los comportamientos de las personas. Sus autores ponen a prueba nuestras creencias de que las personas nos regimos por un egoísmo considerable en nuestras relaciones. Muestra evidencias de una investigación en campos tan diversos como las ciencias políticas, la psicología, la sociología y la economía que demuestran que el altruismo es intrínseco en los seres humanos. El autor bestseller y monje budista Matthieu Ricard lidera un movimiento fundado en esta creencia inspirado en la idea de que no sólo no estamos programados para autodestruirnos, sino que lo estamos para colaborar.

Lo que importan son las personas

Este verano he pasado muchas horas en un centro hospitalario como consecuencia de una intervención quirúrgica de gravedad que le hicieron a mi padre a principios de agosto. He sido observadora en primera persona de un esfuerzo humano extraordinario en un sistema complejo que se orienta al cuidado de los pacientes y a sus familias. Desde el primer día me quedé gratamente asombrada del entusiasmo asistencial por parte de las enfermeras, a pesar de los problemas que fueron surgiendo en el proceso de recuperación post-operatorio. Las rigideces propias de los grandes sistemas organizativos fueron derribadas gracias a la especial motivación personal que algunas enfermeras ponían en su vocación asistencial, colaborando con empeño para resolverlos. La interrelación compleja entre los diversos departamentos no impide que se perciba en el ambiente una auténtica vocación de servicio y de colaboración.

Solemos pensar en el trabajo como un lugar hostil. Tenemos la creencia de que trabajar exige individualismo y egoísmo, que va ligado del hecho de tener que ser  competente y competitivo. Las rígidas estructuras organizativas creadas impiden que las personas desarrollen sus propias razones psicológicas para que su trabajo sea algo más que trabajo. Para que colaborar tenga sentido. En un hospital es más fácil visualizar que los trabajadores de la salud desarrollan sus tareas en el día a día con el convencimiento de que lo que verdaderamente importa son las personas. En un hospital, el trabajo está vinculado a la vida.

Tenemos problemas globales

En la conferencia ¿Cómo tener al altruismo como guía? Matthieu Ricard expone que los grandes retos globales pueden reducirse simplemente a una cuestión de altruismo versus egoísmo. Dice que sólo en el caso de que no nos importen las generaciones futuras podemos cerrar los ojos ante la destrucción del planeta. Así que debemos conciliar tres escalas de tiempo: el corto plazo de la economía, el término medio de la calidad de vida en cada momento, y el largo plazo del medio ambiente. Ricard aporta un concepto para conciliar las tres escalas de tiempo: tener consideración por los demás. El altruismo es la respuesta. Dice que necesitamos aumentar la cooperación, que necesitamos una economía del cuidado. La globalización hace aflorar los límites del planeta, y en consecuencia, la dependencia que tenemos los unos de los otros.

Economía del cuidado

Crear valor en una economía del cuidado supondría desarrollar puestos de trabajo y actividades profesionales y económicas alrededor de la idea de conseguir el bienestar de las personas, de las relaciones, del planeta. En una economía del cuidado, necesitaríamos diseñar unas instituciones sociales y económicas que hicieran posible que el trabajo de las personas se oriente a crear valor entendido como bienestar. Necesitamos tener un debate reconociendo que hay demasiadas cosas importantes que funcionan gracias al especial esfuerzo de algunas personas, que luchan cada día contra las barreras originadas por los actuales sistemas. Por ejemplo, algunos de los trabajos peor remunerados son aquellos relacionados con el cuidado de las personas. En los últimos ocho años, el número de autónomos del sector de la sanidad y la educación, los dos pilares del estado del bienestar han aumentado un 50%. ¿Cuánto vale sonreír para dar confianza a una persona enferma? El sistema nos ha hecho confundir valor y precio. Desde la perspectiva del valor que estas personas aportan a la sociedad, debemos preguntarnos porqué el sistema no sólo no las recompensa adecuadamente, sino que los trabajos dedicados a cuidar a las personas son los que acumulan mayor precariedad.

Las personas buscamos tener relaciones saludables con las personas y el entorno, mientras creemos que somos egoístas por naturaleza. Perseguir solo el interés propio es la receta para debilitar el sistema, porque olvidamos la necesidad de tener en consideración a las personas y el planeta. ¡Perseguir el interés individual no es malo! Es gracias a perseguir un impulso individual, que miles de emprendedores, empresarios y profesionales generan riqueza y ocupación. La cuestión está en ponerlos al servicio de una economía del cuidado. Es un problema sistémico. Necesitamos nuevos sistemas institucionales que, con los incentivos adecuados, puedan cuidarse del planeta, de las personas y de las relaciones. Como dice Ricard, “Tenemos que atrevernos al altruismo”.

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