CHUS BLASCO / El sufrimiento (invisible) de las pymes

Espíritu de superación a prueba de crisis

Escribía Jordi Goula en su blog el artículo Tener una pyme no es un chollo: “las pymes son las que primero cayeron con la crisis y las que más tardan en recuperarse”. Goula comenta las cifras del estudio de la Cambra de Barcelona sobre la contribución del sector empresarial al crecimiento económico y al bienestar en Catalunya entre 2007 y 2016, distinguiendo dos etapas: la primera hasta el 2013 y la segunda, de recuperación, hasta la actualidad. La cifra que me parece más contundente es que del grupo de empresas más numeroso (pymes que tienen entre 10 y 49 trabajadores) de cada 100 desaparecidas en el período de crisis, solo se han recuperado 11, mientras que las micropymes (con menos de 10 trabajadores) no han dejado de caer. Goula se hace la misma pregunta que llevo muchos años haciéndome y que no parece posible cuantificar “¿Cuántas se hubieran salvado si se hubiera arbitrado una solución financiera?”. Al margen de mucho postureo, desde las instituciones políticas y económicas no se ha hecho absolutamente nada para que esta cifra mejorara.

 

Fracasos transformadores

La UOC inició en 2012 un ciclo de debates participativos con la intención de dar a conocer oportunidades de negocio a partir del análisis de fracasos empresariales. Le llamaron “Fra_casos oportuns”. La idea de fondo era poner en valor que el fracaso tiene un poder transformador muy grande. Me pareció entonces una extraordinaria reivindicación de la cultura del fracaso en positivo, especialmente por el poder transformador para las personas que lo sufren que representa muchas veces la base para futuras experiencias de éxito, tanto personal como profesional. Los organizadores pretendían poner de manifiesto una realidad, que es que ¡el 64% de las personas que fracasan no lo vuelven a intentar! El mensaje que reivindicaban desde la UOC, originariamente tuvo como detonante inicial la crisis, pero estos debates se dejaron de celebrar en 2013 y hoy este mensaje sigue siendo más necesario que nunca. Deberíamos reconocer la valentía de las personas que arriesgan y fracasan, para que lo vuelven a intentar; deberíamos reconocerles su valor, en lugar de estigmatizarlos.

El crecimiento realmente relevante para la economía es el crecimiento de las pymes, pero si no reconocemos la riqueza que aportan a la sociedad las microempresas y los pequeños empresarios, ¿cómo esperamos que mejore la economía? ¿cómo esperamos garantizar el estado del bienestar?

 

Crecer no es gratis

En el fantástico post “5 desafíos para el crecimiento empresarial”, Javier Garcia nos cuenta los retos que deben afrontar las empresas para desarrollarse y crecer, y la multitud de dificultades a las que se enfrentan. “Asumir que crecer es gratis es tremendamente iluso”. Para asumir el crecimiento, una empresa debe invertir y gastar antes de obtener un rendimiento futuro. Pero lo que a menudo parece olvidarse es que crecer quiere decir asumir riesgos, porque si dicho rendimiento futuro no se produce, habrá que aceptar que la expectativa de rendimiento esperado se habrá convertido en una pérdida real. Con las consecuentes pérdidas patrimoniales y personales que puedan derivarse. Hacer crecer una empresa, no sólo no es gratis, sino que el coste más grave y preocupante es que las personas que han arriesgado su patrimonio y fracasan, no vuelven a intentarlo. Las pymes que generan riqueza son las grandes generadoras de empleo, de oportunidades de desarrollo de puestos de trabajo y un mecanismo extraordinario de redistribución de la desigualdad. Cada vez que hablamos de pymes y micropymes es necesario recordar que hablamos de personas que dedican unas energías y un esfuerzo personal que es invisible para la sociedad.

 

Combatir la invisibilidad

Es muy difícil competir y lograr sobrevivir en una economía global. Lo es para las empresas grandes con recursos, pero lo es aún más para las más pequeñas. Me genera una fatiga infinita el discurso de lo “guay” que es ser emprendedor mientras que los empresarios son nocivos para la economía, porque son “gente con malas intenciones”. La realidad es que las pymes, micropymes y autónomos representan más del 95% del tejido empresarial y generan más del 50% del empleo. La expresión Be local think global está más que nunca al alcance de personas emprendedoras con proyectos valientes y de gran ambición. Pensar en grande esta genial. Pero necesitamos hacer más visible que las pymes no sólo son el motor de la economía, sino que además tienen una importancia clave en el tejido social local. Nuestro sistema institucional no ha favorecido el desarrollo de las pymes, y los años de crisis se ha cobrado un numero incontable de víctimas, personas que tenían negocios que no volverán a crear una empresa y a hacerla crecer. No volverán a arriesgar. Así que mientras confiamos en que las instituciones reaccionen, podemos preguntarnos qué podemos hacer como sociedad, como ciudadanos. Como amigos, padres, hermanos, cuñados, vecinos, podemos preguntarnos cómo reaccionamos cuando sabemos de una persona que ha fracasado en su proyecto empresarial. Porque podemos elegir. Podemos ayudarle a que lo utilice como un fracaso transformador positivo, o bien, podemos colaborar a que se sienta más fracasado aún y nunca vuelva a intentarlo de nuevo. ¿Qué elegimos?

“Para progresar, la sociedad moderna debería tratar a los empresarios arruinados de la misma forma que la humanidad honra a los soldados muertos”. Nassim Taleb

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