CHUS BLASCO / El reto de ser el Director General de tu agenda

Los autónomos “celebran” la reforma

Los titulares han derrochado optimismo estos últimos días sobre las novedades de la Ley de Reformas Urgentes del Trabajo Autónomo. Titulares como “Els autònoms treuen el cap”, o “Nueva ley de autónomos: 15 medidas que les harán la vida más fácil”, están lejos de reflejar la realidad de la parte más débil de la cadena económica: los autónomos. Para cualquiera que no conozca la problemática real de ser autónomo en este país, podría parecerles que es una buena noticia, porque se han facilitado reivindicaciones históricas del colectivo. Es una lectura. Pero no comparto en absoluto la celebración prácticamente unánime de las partes implicadas. Es curioso que se haya tramitado como una reforma “urgente”, cuando hace décadas que el aumento del trabajo autónomo en todo el mundo es exponencial.  Según Forbes, en 2020 el 50% de la fuerza laboral en Estados Unidos serán freelance. El problema más importante de un freelance en la economía digital es garantizar unos ingresos básicos de forma sostenible. Así que no se trata de equiparar los derechos que no se equipararon en el siglo XX. Eso ya es historia. Se trata de reconocer que un autónomo es la unidad económica más pequeña, y por lo tanto más frágil, pero también con mayor capacidad de aprovechar su flexibilidad para hacer crecer su actividad y generar riqueza en la economía del conocimiento. No se trata de fiscalizar, sino de facilitar su crecimiento. Los legisladores, desde la arrogancia de sus poltronas, están muy lejos de entenderlo.

 

Ser autónomo

Si haces una búsqueda en Google encontraras mucha información sobre los requisitos que se necesitan para ejercer cualquier actividad económica por cuenta propia. Pero los más importantes para diseñar una vida profesional como autónomo o freelance no son de legales, fiscales y administrativos, sino de capacidad de autogestión. Podríamos decir que la autogestión para un autónomo es la capacidad por la cual puede convertir sus conocimientos, habilidades y recursos en resultados, a partir de una determinada estrategia de creación de valor.

Ser autónomo es como ser el Director General de ti mismo. Si en lugar de ser un trabajador, eres tu propio Director General, tienes capacidad para asignar recursos y tomar decisiones, así que para poder desarrollar bien tu actividad vas a tener que actuar en base a un plan. Pero ¿qué es hacerlo bien cuando la complejidad del entorno no deja de aumentar? Para mí, la parte más importante de la función de Dirección General es la responsabilidad. Ser Director General supone tener la libertad para tomar decisiones sobre los recursos de que dispone. Pero también tiene la responsabilidad de los resultados de sus acciones. Igual que un autónomo.

Hasta que no empecé a trabajar por mi cuenta como autónoma, no pude darme cuenta de que para ser efectivamente responsable de mi futuro necesitaba tener libertad para decidir. Mientras trabajé para grandes empresas, sentía una responsabilidad sobre las tareas, pero no sobre el significado de las mismas. Por ejemplo, si trabajaba 36 horas seguidas haciendo informes estúpidos, lo hacía porque era mi responsabilidad, pero no tenía ninguna libertad en asignar mis recursos (mi tiempo laboral) de otro modo. Lo encontraba hasta cierto punto normal. Mientras estuve trabajando por cuenta ajena, siempre me sentí muy responsable de mi trabajo, pero fue cuando tuve mi propia empresa, que la palabra responsabilidad no alcanzó una dimensión distinta. En realidad, no eres responsable de algo si no tienes la libertad para tomar decisiones.

 

Dejar de perseguir la eficiencia para crear valor

El management del siglo XX ha convertido a los trabajadores en elementos de una maquinaria que presumiblemente sabia como administrar y gestionar recursos. Muchas personas que trabajan para grandes organizaciones quedan atrapadas en un círculo vicioso en el que no puede asumir responsabilidad por lo que hacen, porque no disponen de suficiente autonomía, no disponen de libertad para hacerlo distinto. Pero para dirigir organizaciones poniendo en el centro a las personas, no nos sirve lo que habíamos aprendido procedente de la búsqueda de la eficiencia. En las últimas décadas hemos estado sobrevalorando el esfuerzo y la acción, subestimando actividades como la creación y la reflexión. Crear valor es el nuevo mantra en la economía digital. Los nuevos autónomos del siglo XXI lo tienen claro.

Ante la incerteza de un futuro donde la mayoría de profesiones desaparecerán tal como las conocemos hoy, invertir en la capacidad de generar valor en el futuro es la mejor estrategia. Ser autónomo no es ni mejor ni peor que ser trabajador. Siempre que sea una decisión y no el resultado de no tener ninguna otra opción. La clave de ser autónomo en el siglo XXI es que eres responsable de tus recursos para que se conviertan en generación de valor para los clientes. La capacidad de gestionar bien la agenda, la autogestión del tiempo, así como las relaciones con clientes y proveedores serán determinantes de los resultados. Nunca pude soñar nada tan aterrador ni tan apasionante en todos los años trabajando para terceros. Ser autónomo es una actitud, no una forma jurídica. Porque a las personas que nos gusta la responsabilidad, tener autonomía facilita que nos comprometamos más y eso nos hace mejores. Hace que aquello que hacemos, sea lo que sea, tenga sentido.

 

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