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CHUS BLASCO / ¿El poder está en los datos?

Liderazgos transversales

No mires arriba” ha sido una de las películas más comentadas en las últimas semanas. Cuenta la odisea de dos astrónomos para advertir al mundo de un espeluznante descubrimiento: el impacto de un meteorito que provocará la extinción del planeta. El mundo se divide en dos en cuanto el horror se politiza: los que luchan con toda su energía por concienciar a la población del peligro que corren y los que “miran hacia abajo” porque hacen oídos sordos a todo lo que está ocurriendo de una manera sumamente negacionista. Viendo la película cuesta creer que no fuera escrita a raíz de la pandemia, aunque la idea original se empezó a gestar hace una década. Me ha dejado con una pregunta para la que no tengo respuesta: ¿por qué seguimos a líderes que no lideran?

 

Las decisiones y el poder

Tenemos una confusión entre el poder y el liderazgo. En un artículo reciente, Genís Roca afirmaba que el 2021 había traído una gran noticia; porque en la gestión de la pandemia se habían tomado decisiones públicas en base a un sistema de datos. Pero también apuntaba la parte negativa, y es que los decisores públicos acaban utilizando el dato que más favorece sus intereses. Pone el dedo en la llaga. Los datos por sí solos, no se convierten en buenas decisiones. No es suficiente que existan los datos, ni siquiera que éstos sean públicos. Para que exista transparencia real en las decisiones que afectan al espacio común, y la ciudadanía pueda implicarse en ellas, los datos deben ser comprensibles y facilitar el debate social. Roca apunta sobre la necesidad de un mejor periodismo que no se limite a transcribir las decisiones institucionales sin aportar criterio alguno.

 

El lado oscuro

Desde que pensamos que no es necesario pagar por la información, no somos conscientes de la manipulación a la que estamos sometidos. Tomemos conciencia del hecho de que las noticias negativas funcionan mejor que las positivas. Deberíamos exigirnos mucho más que dar por bueno lo que vemos y leemos sin validarlo. Además, el “todo gratis” ha provocado una manipulación del comportamiento con el uso masivo de los datos. Lo explica de forma clara Jaron Lanier, autor del libro “Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato”.:

A lo que me opongo es a ese control por parte de monopolios gigantes en el que cualquier conexión entre personas solo se puede financiar si hay una tercera persona que quiera manipular a esas dos personas. Creo que eso es la receta para la locura y la negatividad”.

Lanier habla claro y afirma que el éxito de Facebook se ha basado en utilizar técnicas conductistas para crear una adicción. Lamenta que en el intento de hacerlo todo muy abierto, lo que se ha creado son híper monopolios que se han vuelto controladores y autoritarios. Lo que más me gusta del punto de vista crítico de Lanier es que a pesar de todo, piensa que Internet sigue siendo genial.

Meritocracia radical

En las empresas, decidir con datos implica innovación en management. La cultura del dato (data-driven) implica que los datos y su análisis formen parte de la estrategia comercial, de los sistemas, de los procesos y de la cultura. Para que las decisiones comerciales basadas en hechos (medidos con datos) se adopten en todos los niveles de la organización, hace falta impulsar liderazgos transversales. Porque sólo es posible cuando la cultura empresarial facilita que los trabajadores de toda la cadena de valor usen los datos correctos en el momento adecuado. El poder deja de estar en la jerarquía del organigrama, porque los datos fomentan una toma de decisiones más autónoma. Proporciona una ventaja competitiva contundente a las empresas que lo consiguen.

La cultura del dato implica apostar por el talento y el empoderamiento de las personas. Sin autoritarismo ni departamentos funcionales cerrados, sino con visión y liderazgo. No hay manipulación, sino clientes a los que dar servicio. Las empresas que toman decisiones basándose en datos, lo hacen mejor y la consecuencia es que consiguen mejores resultados. Muchos le llaman transformación digital. A mí me gusta más llamarle meritocracia radical.

La curiosidad es la motivación intrínseca de la innovación y el progreso. El valor de la meritocracia es más necesario que nunca para poder contar con todo el talento disponible. Aprender de los datos es una fuente inagotable de conocimiento para resolver los nuevos problemas. No sólo a nivel científico, sino también económico y social. Tomemos conciencia del potencial de la búsqueda de soluciones gracias a los datos. Reivindiquemos la utilidad de ponerlos al servicio del bien común.

 

 

“Es más fácil engañar a la gente, que convencerla de que han sido engañados.” Mark Twain