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CHUS BLASCO / El futuro no existe

Complejidad y transformación

Para hablar del futuro, el pasado mes de abril tuvimos el privilegio de contar con Elisabet Roselló como ponente en el #trinxat de Reus. Desde que empezó hablándonos sobre cómo nos relacionamos con el futuro, me tuvo tan absorta que sentía que el tiempo se había detenido. “Para pensar el futuro tenemos que repensar cuestiones muy profundas” decía. No parecía necesitar que le hiciéramos preguntas, porque iba encadenando una idea con otra, a cuál más interesante. De vez en cuando, se paraba y nos interpelaba: “Què en penseu, vosaltres?”

Elisabet nos dejó claro que el mundo no es determinista. Es cierto que hay que lidiar con una enorme complejidad para entender cómo se relacionan todas las variables y también lo es que hay tendencias que marcan unas pautas. Cuando somos conscientes de que el futuro no es determinable, comprendemos que sí que hay un amplio margen de maniobra para hacer transformaciones. Enseguida nos habló de la referencia en futuro, Jim Dator: “El futuro no se puede predecir porque el futuro no existe”.

 

El sentido común no es lo que parece

Otra de las reflexiones imprescindibles fue que las ciencias sociales tienen mucho que decir sobre el futuro, a pesar de que tenemos interiorizado que el motor de lo que pasará es la economía y la tecnología. En este sentido, Elisabet nos habló de lo peligrosos que le parecen los mensajes de los medios de comunicación cuando “predicen” lo que va a pasar, porque el relato implícito que hay detrás es que las personas no podemos hacer nada para evitarlo. Y nos lo creemos. Elisabet hizo hincapié en que estamos en un momento de transformación, así que tenemos que cambiar como creemos que es el mundo.

Nos puso como ejemplo el fenómeno de los terraplanistas, que nace de la desconfianza en el conocimiento experto. El “sentido común” de estas personas, que está basado en su observación y en los grupos sociales en los que confían, les dice que la Tierra es plana. Cuando muchas personas aceptan con normalidad estos mensajes, independientemente de la evidencia científica que hay detrás, es porque hay un deterioro real del debate público. La polarización de las opiniones y de los emociones, provocan que la desinformación se expanda de forma peligrosa. Así surge la posverdad, ya que antes creíamos en las instituciones y ahora estamos cada vez más desagregados. Me quedó clara la idea de que el “sentido común” no es común “para todos”, sino que es una construcción de la cultura.

 

¿Cuándo es un buen momento?

Cuando el ritmo de cambio es acelerado, hay que aceptar que hay que trabajar con mucha complejidad y de forma global. No se pueden plantear transformaciones sin tener en cuenta diversas estrategias, así que son necesarias nuevas metodologías para generar consensos. Elisabet nos explicó cómo los escenarios de futuro hacen posible pensar en el presente con otra mirada. Abrirnos a distintas posibilidades nos permite afrontar tabús, desafiar creencias y trabajar con visiones que contemplen distintos escenarios. Para construir el futuroque todavía no existe”, las transiciones son graduales y también traumáticas. Es entonces cuando aparecen soluciones atípicas de aquellas que debería traer el progreso tecnológico. Mientras la escucho, no puedo evitar pensar en el máximo referente en management humanista, Peter Drucker y su conocida frase “La mejor manera de predecir el futuro es creándolo”.

Cuando el contexto cambia, también lo hacen los comportamientos humanos. Las personas conectamos de forma profunda con nuestras necesidades cuando hay una crisis. Dejamos de preocuparnos de lo que piensan los demás y nos concentramos en nuestras propias prioridades. Lo veo una y otra vez trabajando con personas que dirigen sus propios negocios. Cuando la crisis afecta gravemente los resultados, el contexto determina sus acciones. La persona que dirige la empresa tiene un compromiso con las personas que forman su equipo. Sabe que sus decisiones impactaran sobre ellas. El contexto no les permite mirar para otro lado. Tienen que afrontar su responsabilidad y buscar nuevas estrategias para construir un futuro que todavía no existe.

Pero las personas tendemos a fijarnos en lo que está mal y acabamos creyendo que todo está mal. Y no hacemos nada. Excepto cuando pensamos que la solución de los problemas nos corresponde a nosotros. Muchas personas sienten la responsabilidad de mejorar la comunidad a la que pertenecen, tanto en su empresa, en su organización, en su municipio… Y están haciendo que pasen cosas. Deberíamos atrevernos más a ser aprendices de nuestro potencial humano. Deberíamos asumir individualmente nuestro compromiso con construir colectivamente un mundo mejor. No olvidemos que siempre es un buen momento para mejorar las cosas.

 




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