CHUS BLASCO / El efecto Dunning-Kruger

Lo que la tecnología promete

La evolución de una tecnología específica desde que aparece hasta que se implanta de forma amplia, responde a un ciclo que se repite sistemáticamente a lo largo del tiempo. La metodología que lo estudia se denomina Hype cycle o curva de Gartner por el nombre de la consultora que lo creó. Identifican cinco fases en el ciclo de vida de cualquier tecnología (verlo gráficamente), en términos de visibilidad (expectativas generadas) y de tiempo (nivel de madurez de la tecnología). 1) Lanzamiento tecnológico: el momento desencadenante es la aparición de un nuevo avance tecnológico, en el que se provoca el interés público, aunque no exista aun viabilidad comercial probada. 2) Pico de expectativas: Se disparan hasta el punto álgido y desproporcionado, como consecuencia de la publicidad de algunos casos de éxito. 3) Abismo de desilusión. No se cumplen las expectativas; muchas implementaciones fallan, empresas de tecnología fracasan y sólo continúan invirtiendo unos pocos mejorando los productos que satisfagan a aquellos que han sido los primeros usuarios (early adopters). 4) Rampa de consolidación: a medida que aumentan los ejemplos de cómo una tecnología puede beneficiar a las empresas, algunas siguen experimentando y se exploran nuevas aplicaciones prácticas. 5) La fase de productividad se alcanza cuando la mayoría ya la ha adoptado, y su amplia aplicabilidad está dando resultados.

Los informes que periódicamente publica Gartner aplicando esta metodología, ayudan a las empresas a situar las expectativas. Gracias a esta información, es posible diferenciar las tecnologías que ya han probado su viabilidad de las que son tan solo una promesa futura. El Hype Cycle de Gartner es una representación gráfica de la Ley de Amara: “Tendemos a sobreestimar la importancia de una tecnología en el corto plazo y a subestimar sus efectos en el largo plazo”.

 

Lo que las personas prometen

La ley de Amara nos lleva de la tecnología a las personas. Los investigadores Dunning y Kruger, publicaron en 1999 un estudio que muestra que las personas con escasas habilidades sufren de un sentimiento de superioridad ilusorio, por el que sobreestiman su capacidad y se consideran más preparadas que otras personas más expertas. Sobreestimar la importancia de una capacidad personal específica en el corto plazo (igual que hacemos con la tecnología) es lo que nos explica el efecto que lleva su nombre. Descubrieron que las personas no somos buenas en autoevaluarnos. Este efecto se intensifica con el nivel más bajo: aquellos que tienen menor habilidad son los que más sobreestiman sus capacidades. La consecuencia es que las personas más incapaces son tan incapaces que no pueden darse cuenta de que lo son.

Si bien la tecnología que no consigue transformarse en resultados desaparece, con las personas los riesgos son otros. ¿Como le dices a alguien que no está capacitado para lo que está haciendo cuando está convencido de que sí que lo está? De acuerdo con el trabajo de Dunning y Kruger, todas las personas sufrimos este efecto. En aquellos aspectos en los que no tenemos suficientes competencias, nos faltan las capacidades para reconocérnoslo. Tomar conciencia de la existencia de este riesgo, debería estimular nuestra propia autoevaluación. Así, obtenemos el criterio para actuar ante cualquier decisión. Podremos discernir si podemos confiar en nuestro propio instinto (si tenemos experiencia suficiente) o si es mejor que pidamos consejo a alguien experto que nos pueda ayudar hasta que mejoremos nuestra habilidad.

Tecnología, capacidades y expectativas

El apasionante mundo del management enfocado a las personas se funde con el de la tecnología y evoluciona. Por ello, una de las habilidades personales más relevantes en la economía digital es la autogestión. Las personas más competentes en el entorno actual de cambio constante son aquellas que tienen la capacidad de autoevaluarse, que admiten el grado en el que sus habilidades tienen recorrido de mejora y que se ponen en acción para hacerlo. La autoconfianza sobre nuestras propias competencias puede no coincidir con su verdadero dominio. ¡Cuidado con el exceso de confianza!

Las ciencias sociales están avanzando a medida que la tecnología nos hace afrontar retos superiores y la realidad del management se hace más compleja. Lo más importante de la transformación digital es la velocidad del cambio tecnológico, así como la realidad de la implantación del cambio, que no es tan veloz. Dos obstáculos están frenando la velocidad de la transformación digital. En primer lugar, la fascinación por la tecnología que lleva al exceso de expectativa sobre su utilidad, y en segundo lugar el exceso de confianza sobre las competencias personales (y como equipo) que todavía no hayamos adquirido, para adaptarnos a un entorno de incertidumbre. Dos sugerencias para combatirlo: aceptar la vulnerabilidad que supone confiar en otras personas construyendo redes de apoyo que nos den feedback constructivo, y reconocer con humildad que no sabemos suficiente. Podemos empezar hoy mismo a autoevaluarnos para aprender a mejorar y comprometernos a no dejar de hacerlo.