CHUS BLASCO / Decisiones difíciles

Barcelona resiliente

Cancelar el Mobile World Congress era una decisión difícil. El consejero delegado de la asociación organizadora del Mobile World Congress, John Hoffman, declaraba en una entrevista que han sido los peores días de su carrera. Dice Hoffman que estaban luchando contra un fantasma, un miedo. Si ponían en riesgo la seguridad de toda la comunidad y de sus empleados, no tenían otra opción. Cuando se anunció la no asistencia de la coreana LG, tuve la sensación de que estábamos ante una situación que tenía poco que ver con el riesgo real de la propagación del virus. Al día siguiente, la baja de la sueca Ericsson, y las que siguieron, ya fueron más interpretadas en clave económica por el impacto negativo que podía tener para Barcelona. ¿Iba a celebrarse igualmente el Mobile?

Me interesa la aversión al riesgo desde el punto de vista humano, el que (aparentemente) no tiene que ver con los negocios. La posibilidad de enfermar y tal vez morir por el coronavirus es una de aquellas situaciones en las que, como personas, como sociedad, no queremos asumir ningún riesgo. Seguro que recordareis la campaña del 2017 para concienciar sobre la mortalidad en la carretera. “¿Cuántas muertes en la carretera sería una buena cifra?” La respuesta es cero.

Cuando LG anuncia que no vendrá al Mobile como prevención por el coronavirus, ha evaluado el riesgo y ha tomado una decisión. El resto de las empresas participantes, ya no pueden eludir hacerse la misma pregunta y tomar una decisión al respecto. Al hacerse la pregunta de cuantos incidentes en relación con el coronavirus se pueden permitir, probablemente la cifra sea cero. Las empresas son comunidades de personas con una trayectoria, que defienden su reputación. Ofrecer seguridad a las personas forma parte de los valores a preservar.

 

Tomar decisiones difíciles

El mundo se ha hecho más complejo, y cada vez más debemos tomar decisiones sin tener toda la información que querríamos. Ruth Chang, profesora de filosofía, dice que la mayoría de las personas eluden tomar decisiones porque no quieren tener la responsabilidad de las consecuencias. Dice Chang que “lo que hace difícil una decisión es la relación entre las alternativas. En una elección fácil, una alternativa es mejor que la otra. En una elección difícil, una alternativa es mejor en cierta forma, la otra alternativa es mejor en otra forma, y ninguna es mejor que la otra. Como no podemos adivinar cual es la mejor, optamos por la más segura.” Las decisiones difíciles están relacionadas con los valores y los compromisos que hay detrás de aquella decisión. Por tanto, la decisión más adecuada será la que esté más alineada con los valores y los compromisos que se quieren preservar y con los riesgos que no se quieren correr a ningún precio.

La globalización nos ha hecho más vulnerables como sociedad. Esta vulnerabilidad se traslada a la economía y la hace terriblemente frágil. Lo que se ha perdido con la cancelación del Mobile, no es lo mismo para las grandes empresas que para aquellos que tal vez estaban esperando su gran oportunidad del año. La vulnerabilidad provoca miedo, aunque sea infundado, o se base en datos inexactos. Hemos comprobado que no era necesario que hubiera ni un solo caso de coronavirus en Catalunya para que el miedo a no estar expuesto a una enfermedad anule oportunidades por las que se ha trabajado incansablemente poniendo esfuerzo energía y entusiasmo. El miedo es el peor enemigo del progreso.

 

Ecosistemas con ambición

“Barcelona, la Resilient” escribía Anna Gener con tristeza en twitter al hacerse eco de la noticia en los primeros minutos de la cancelación del MWC. Barcelona es resiliente porque tiene la capacidad de sobreponerse a circunstancias adversas como esta, para volver a luchar con lecciones aprendidas y convertidas en una nueva fortaleza. Es más inspirador ambicionar un futuro mejor que dedicarnos a lamentar las pérdidas o a alimentar mayores miedos. Al día siguiente de la cancelación del Mobile, la asociación Barcelona Tech City anunciaban una iniciativa espontanea para generar un evento de emprendimiento en los días en los que se iba a celebrar el Congreso. Tiene por nombre Barcelona Tech Spirit por haber surgido desde la base de startups y por iniciativa de los emprendedores del ecosistema. Barcelona tiene la ambición. Sabe hacerlo, puede hacerlo y quiere hacerlo. Cuando el sueño y la ambición merecen la pena, la resiliencia es un superpoder.

Entre la parálisis que genera el miedo y la proactividad impulsada por la ambición de futuro, está claro cuál es el mecanismo que debemos cultivar y promover. Si no nos atrevemos a ambicionar un futuro mejor, por incierto que sea, estaremos dejando el bienestar de la sociedad en manos de unas pocas empresas globales y de unas pocas oportunidades de las que dan titulares. Nos quedaremos sin futuro. Por mucha resiliencia que le pongamos. Nos jugamos demasiado.