CHUS BLASCO / Conversaciones incómodas

Reflexiones sobre consultoría

Decíamos en “El lado oscuro del individualismo” que buscar la productividad individual es un desastre para las organizaciones empresariales. No hay ningún talento individual que pueda conseguir por si solo un éxito colectivo En lugar de buscar productividad, las empresas necesitan buscar efectividad generando valor, y “el valor surge del espacio común generado entre las personas”. El valor surge de explorar lo desconocido, de detectar las expectativas no gestionadas de los clientes, de los no clientes, en definitiva, de todo aquello que como empresa podríamos estar haciendo y no hacemos. Prepararse para lo desconocido debería ser una prioridad para la supervivencia empresarial. En cambio, la inercia de la gestión suele moverse en el ámbito de lo conocido. Hasta que es insuficiente para seguir compitiendo con éxito.

 

Consejo experto

Según la Wikipedia, un consultor es “un profesional que provee de consejo experto en un dominio particular o área de experiencia (…). La principal función de un consultor es asesorar sobre las cuestiones sobre las que posee un conocimiento especializado”. No me gusta la denominación de consultor. He comprobado que provoca rechazo, desconfianza e incomprensión por parte de muchas empresas, la mayoría de las veces como consecuencia de experiencias negativas. Como directora de AFCA, consultoría de estrategia y finanzas, nuestro propósito no es otro que ayudar a personas con responsabilidades de gestión a conseguir su propósito empresarial. La comunicación del mensaje de lo que hacemos, lo expresamos de este modo: “ayudamos a personas que tienen empresas y toman decisiones a mejorar sus negocios”. Cuando el foco de la consultoría lo pones en ayudar a personas, todo cambia.

Lo saben mejor que nadie los que forman parte de la red de consultoría artesana, que desde hace años promueven otro tipo de consultoría, absolutamente centrado en las personas. Dicen en su manifiesto fundacional lo siguiente: “Somos profesionales que trabajamos por el cambio y la mejora de las organizaciones, un trabajo que suele englobarse bajo el término de consultoría. A esta denominación le añadimos un adjetivo que representa un atributo diferencial: hacemos consultoría artesana. Nos definimos como estructuras simples y autónomas, talleres más que fábricas donde abordamos proyectos de dimensión humana.”  La dimensión humana de la consultoría empresarial nace como respuesta a la necesidad de encontrar una conexión más real con las personas en las organizaciones, de forma que sean las personas la palanca del cambio.

 

Mentoring

La necesidad de conexión con las personas como palanca de transformación, hace aparecer otro tipo de relación de ayuda, que es la que se define como mentoring. Según los autores del libro de referencia “Managers as Mentors: Building Partnerships for Learning”, el mentoring es una práctica de escucha y reflexión, una colaboración de aprendizaje, un descubrimiento colectivo. Definen así la necesidad de esta práctica en el ámbito empresarial: “Cualquier empresa hoy en día, para tener éxito necesita estar orientada al crecimiento, poner el foco en la excelencia y ser innovadora. El crecimiento supone cambio, por lo tanto, aprendizaje; la excelencia supone perseguir la mejora continua, por lo tanto, aprendizaje; innovación supone bloquear viejas prácticas y encontrar nuevos caminos, por lo tanto, aprendizaje”. Sin duda, la economía del conocimiento supone nuevos retos a la forma de organizarse de las empresas, pero el más importante es abrir la forma de pensar y como consecuencia, abrir la estructura misma de la organización. La clave es encontrar la forma de incorporar el aprendizaje en el ADN de la empresa, de forma que la consecuencia directa sea el crecimiento, la excelencia y la innovación.

 

Conversaciones incómodas

Para que las empresas puedan afrontar con éxito el nuevo paradigma de transformación y cambio, tienen que cuestionarse lo que están haciendo. Una de las competencias clave de cualquier directivo, es la que le permite hacerse preguntas sobre cómo mejorar su negocio, sobre cómo resolver mejor las necesidades de los clientes. Sin duda, su efectividad está relacionada con la calidad de las preguntas que es capaz de hacerse. La pregunta adecuada puede actuar de palanca para desatascar un obstáculo al crecimiento. Pero es incómodo. Las preguntas más efectivas suelen ser incómodas, porque hacen reflexionar sobre todo aquello que no está funcionando. Cuando el problema ya ha aflorado, no podemos ignorar que existe.

En la era de la inteligencia artificial, debemos reconocer el valor de las conversaciones como palanca transformadora del cambio. Especialmente de las conversaciones incómodas que afloran, como consecuencia directa de formularnos preguntas incómodas. Debemos reconocer el potencial que representa entender la organización como una red, de forma que se establezcan colaboraciones de largo plazo que aporten valor. Es una oportunidad para muchas empresas, para hacer aflorar conversaciones incómodas que hasta la fecha se estaban evitando. Es una oportunidad para consultores y mentores, para apoyar desde la perspectiva externa procesos de aprendizaje, cambio y transformación organizacional. Pero no es apto para cualquiera. Ser “experto” en un área determinada no garantiza la capacidad de ayudar a otros a transformarse.

 

El éxito de una persona en la vida normalmente puede ser medido por el número de conversaciones incómodas que está dispuesto a tener. Tim Ferris

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