CHUS BLASCO / Confundimos crecimiento con bienestar

El significado del dinero

El PIB se hunde un 11% en el 2020 por la pandemia”. “El mayor desplome desde la Guerra Civil”. Los titulares de los últimos días de la prensa económica no inspiran mucha confianza en el futuro. Es un problema común de los titulares económicos. Los leemos en clave de buenas noticias o malas noticias, y no facilitan el debate social sobre qué debería hacerse. Un desplome de la economía del 11% es una terrible noticia que lo es aún más cuando se pone en contexto con las economías vecinas, y se queda en la peor posición. Lo que es interesante es que las predicciones ya apuntaban alrededor de esa cifra, así que no es ninguna sorpresa. Después de casi un año de coexistir con una pandemia mundial, tocaría ir cambiando algunos relatos.

¿Ayudar a las empresas?

Esta misma semana, el presidente del Gobierno español presentó la Agenda España Digital 2025. En concreto, el Plan de Digitalización de pymes, que contará con una inversión pública de casi cinco mil millones de euros “para apoyar el crecimiento, la competitividad e internacionalización de 1,5 millones de pequeñas y medianas empresas, autónomos y micropymes, mediante el impulso de su transformación digital…” Una inversión de cinco mil millones de euros debería ser una muy buena noticia. ¿O no? Si la inversión fuera a tener resultados tangibles en estas empresas lo sería. Pero eso sería una ingenuidad que estaría obviando tanto la incertidumbre como la complejidad actual. Mantener vivo un ecosistema complejo como es una empresa y con lo que supone la transformación digital (que se supone que están ayudando a afrontar), está muy lejos de ser tan sólo una cuestión de poner más dinero.

La cuestión relevante es cómo va a validarse que estos fondos públicos están siendo efectivos contribuyendo a generar más riqueza y bienestar. No es posible seguir creyendo que con las políticas utilizadas hasta ahora va a aumentarse la competitividad de una economía frágil. 5000 millones es la misma cantidad con la que podría haberse condonado la cuota de autónomos mínima obligatoria a 1,5 millones de autónomos titulares de negocios. Pero entonces no se consideraría una inversión y no luciría tan bien en los medios de comunicación.

 

La desigualdad agrava los problemas

Lo cierto es que las desigualdades económicas que ha provocado la pandemia están agravando los problemas que ya existían antes. La desigualdad hace tiempo que está dañando la sociedad. Cuando para miles de personas no hay confianza en el futuro, la esperanza se esfuma y se convierte en un problema social de gran magnitud. Las personas que no tienen garantizadas sus necesidades básicas viven en un estado de miedo y angustia provocado por la falta de ingresos, y su salud mental peligra de forma seria.

Lo explican Richard Wilkinson y Kate Pickett en su ensayo Igualdad: cómo las sociedades más igualitarias mejoran el bienestar colectivo. Los autores son especialistas en salud pública y epidemiología. Desde su mirada más transversal explican cómo la desigualdad afecta de forma individual a las personas. Las desigualdades materiales profundas tienen profundas consecuencias psicológicas, porque al aumentar la brecha entre ricos y pobres, también lo hace la tendencia a valorarnos a nosotros mismos y a los demás en términos de superioridad e inferioridad. Wilkinson y Pickett enfatizan la importancia de sentir que se tiene control sobre la propia vida.

 

Reiniciar el sistema económico y social

El bienestar social no depende del crecimiento económico. Las personas queremos sentir que tenemos el control de nuestra economía. Este sentimiento no lo da ninguna “ayuda” a la que haya que acceder “demostrando” que estás en una situación tan precaria que no puedes sostenerte con tus propios medios. Es un sistema perverso que perjudica seriamente la autoestima de las personas y la sensación de control sobre sus vidas. La relación que tenemos con el dinero nos define. Nuestra identidad depende de si estamos o no por encima de lo que entendemos por “suficiente” para garantizar nuestro bienestar.

El economista francés Thierry Malleret y exdirectivo del Foro Económico Mundial considera que “la pandemia ha exacerbado los riesgos y las desigualdades preexistentes de forma global.” En una entrevista de hace unos días, admite que hace años que lo estaban viendo, pero que es difícil actuar hasta que “te ves obligado a ello”. Critica de forma clara al sector económico y financiero, al que acusa de estar obsesionado con el PIB como indicador del crecimiento económico. Afirma que no es posible pensar en crecer si no colaboramos entre nosotros, que lo importante es dar importancia “al capital social y a los grupos de interés capaces de generar confianza y construir comunidades, dar estabilidad al sistema y generar bienestar social”. Me apunto a la reivindicación de Mallaret de que, si alguna vez ha existido la oportunidad de cambiar el sistema, el momento es ahora.

 


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