Saltar al contenido

CHUS BLASCO / Comportamientos irracionales

Más allá de ganar dinero

Las personas no somos tan racionales como pensamos al tomar decisiones económicas. Lo demostró el Nobel de economía Richard Thaler. Su investigación a lo largo de los años pudo mostrar que las decisiones humanas se alejan de la supuesta racionalidad del homo economicus. Validó que las personas estamos dispuestas a perder dinero por una causa justa. Su teoría me hizo pensar en las empresas con las que yo había trabajado. Tener una empresa y dirigirla, puede llegar a convertirse en una actividad muy poco racional desde el punto de vista económico. Especialmente en cuanto llega una crisis. Cuando las fuentes habituales de tesorería fallan y afloran problemas financieros, la necesidad que sienten de conservar la empresa es más fuerte que la decisión racional de cerrar y evitar aumentar los daños.

No es racional económicamente seguir luchando por defender la empresa cuando tiene pérdidas persistentes. Ni luchar por mantener los puestos de trabajo, cuando la facturación se ha desplomado. Ni aumentar el endeudamiento cuando se está perdiendo cuota de mercado en un sector maduro. Ni tampoco hipotecar el patrimonio personal y familiar para salvar la empresa cuando el negocio ya no es viable….

Pero sí que tiene todo el sentido a nivel personal, social y humano defender el ecosistema de relaciones que tanto ha costado crear.

 

Servicios públicos gratuitos

Leo un tweet de Eva Piquer, que dice que perdió sus llaves en una alcantarilla de Barcelona. Que llamó al 010 y en menos de una hora lo había recuperado. Decía que “estaba flipando” porque ni siquiera sabía que existiera un servicio gratuito de recuperación de objetos del alcantarillado. Pienso que tal vez hemos creado un exceso de estructuras de servicios públicos gratuitos que podrían ser redefinidos o prescindibles. Está claro que recuperar un objeto perdido es una alegría. La pregunta que me hago es si habría pagado. Si el coste del servicio del Ayuntamiento de Barcelona se repercutiera a sus usuarios, ¿le habría parecido bien? ¿O hubiera optado por hacer una nueva copia de las llaves perdidas?

Solemos olvidar que nada es gratis. Especialmente cuando actuamos como consumidores de servicios gratuitos. Nada es gratis porque alguien lo paga. Los servicios públicos se pagan con impuestos. Y la recaudación de impuestos se obtiene de los agentes económicos creadores de riqueza.

La lógica del progreso en servicios públicos es aumentar las formas de satisfacer a los ciudadanos. Solo que tiene un problema, y es que los deseos tienden a infinito y los recursos no. No somos racionales cuando nos comportamos como consumidores caprichosos. No es lo mismo tener necesidades que meros deseos.

 

Innovación y resultados

La lógica económica de las iniciativas emprendedoras de innovación es resolver necesidades por el que las personas están dispuestas a pagar. Hablar de innovación es fácil. Innovar en nuevos productos y servicios que tengan sentido para el mercado, no lo es. El “todo gratis” ha confundido a mucha gente. El coste de los servicios no significa nada para quien va a ser el usuario. El valor que aporten va a depender de la importancia del problema que resuelven.

El precio valida la utilidad. El dinero se convierte así en el mejor indicador para comprobar que una innovación tiene sentido económico. Es el flujo de energía que permite validar una idea convertida en un producto o servicio. Si no hay personas dispuestas a pagar, persistir en ello sería un derroche de recursos que hay que evitar para conseguir resultados.

Muchas personas que asumen riesgos lo hacen porque son emprendedores de forma natural. Para muchos de los que he conocido, su motivación intrínseca es que no pueden dejar de crear. Sienten una necesidad de imparable de desarrollar su espíritu creador. No lo pueden evitar. Suelen impulsar más iniciativas que no fructifican que iniciativas que dan resultados. Aun así, suelen seguir su impulso y no dejan de levantarse tras cada fracaso.

Me sigue sorprendiendo la falta de reconocimiento al valor social que aportan las personas que asumen riesgos, crean riqueza y además defienden el ecosistema de relaciones que han construido. Pensar que las personas emprendedoras se guían por motivaciones económicas es una simplificación enorme. Tendemos a dar por hecho que la motivación de un empresario es que “lo hace por dinero” en lugar de pensar “lo hace porque le gusta y quiere hacerlo y la consecuencia es que gana dinero con ello”. ¿Ganar dinero es la recompensa? No necesariamente. Es perfectamente posible estar ganando dinero, y que no compense. Ganar dinero es la recompensa cuando los clientes contentos validan el valor que se está entregando. Ganar dinero debería ser la recompensa natural por un trabajo bien hecho para las personas que lo necesitan. Tener trabajo no es suficiente. Ganar dinero, tampoco. La recompensa, para muchos empresarios y emprendedores, es poder seguir creando.