CHUS BLASCO / ¿Cómo podemos vivir mejor?

Hábitos atómicos

La economía digital ha amplificado la posibilidad de trabajar por proyectos a miles de profesionales. Los que lo hacemos, tenemos más experiencia en vivir sin certezas, porque sólo trabajamos cuando previamente hemos generado la oportunidad de hacerlo. Es incómodo, porque no existe una inercia que te garantice proyectos a la medida de nuestra “capacidad productiva”. Aunque tengamos “suficientes” proyectos en marcha, no podemos dejar de buscar oportunidades para alimentar el futuro. No podemos permitirnos dejar de vender hasta que hayamos acabado el trabajo que actualmente tenemos. Para gestionar de forma efectiva la capacidad productiva, tenemos que crear procesos comerciales que, en lugar de funcionar erráticamente, se conviertan en un sistema.

La mayoría de los que trabajamos por proyectos somos técnicos: ingenieros, economistas, arquitectos, diseñadores… No somos vendedores. En la economía del conocimiento, todo el mundo quiere hacer innovación, pero nadie quiere vender. La innovación empieza decidiendo dedicar unos recursos a conseguir unos resultados inciertos. Vender es una función de la que se habla más bien poco. En determinados foros parece que no exista o peor, que sea dañina. Para vender, hay que aceptar que la mayoría de las personas dirán que no a tu propuesta. Innovar con éxito es generar resultados predictibles. Innovar con éxito no es el resultado de un solo proyecto, sino la consecuencia de repetir más veces lo que hemos conseguido crear una vez. Las innovaciones no llegan al mercado sin vender. Las personas que trabajamos en el conocimiento, tenemos que hacer una transformación a nivel personal. Vivimos de crear(nos) oportunidades de forma predictible. Construir valor no es vender más. Pero sin vender, el conocimiento creado no llegará al mercado y no generará progreso.

 

Hábitos para vivir mejor

James Clear es el autor del libro Atomic Habits que parte de la pregunta de cómo podemos transformar pequeños hábitos cotidianos para vivir mejor. Clear llama hábitos atómicos a las pequeñas acciones que consiguen un cambio exponencial en la carrera, las relaciones y la vida porque transforman el comportamiento futuro. Explica que el tiempo magnifica el margen entre éxito y fracaso, así que multiplicará lo que siembres. Los buenos hábitos se convierten en tu aliado: la efectividad en las tareas, el compromiso con el aprendizaje a largo plazo y cuidar las relaciones son predictores de éxitos futuros. Por el contrario, el efecto compuesto del estrés, de pensamientos negativos y de rabia acumulada se convierten en predictores de fracasos futuros.

La cultura de una organización que estimule el progreso debería tomarse muy en serio las sugerencias de Clear. La investigación prueba que la cultura se forja con los primeros 150 empleados. Es un dato relevante que muestra que los malos hábitos se aprenden muy al principio. Si las personas de una organización no están predispuestas a colaborar, el problema no está en estas personas, sino en el sistema que “las enseñó” a comportarse de este modo.

 

Progresar es aprender

Las llamadas habilidades blandas, soft skills, son las más necesarias hoy. Soy muy fan de cómo la tecnología puede ayudarnos a crear un mayor valor. Pero no hay creación de valor sin incorporar la visión de “lo que queremos ser” o mejor dicho “en que nos queremos convertir”. Para progresar, primero debes decidir el tipo de profesional que serás. A medida que avances, podrás celebrar las pequeñas victorias que te irán acercando a serlo.

Necesitamos sentir que progresamos. El progreso es aprendizaje. Pero las empresas no se habían creado como un lugar de aprendizaje sino de productividad y de resultados. En la economía del conocimiento, no todas las organizaciones incorporarán el aprendizaje en sus agendas, porque muchas no podrán. La energía que han de dedicar las personas que las dirigen para contrarrestar la fuerza de los hábitos del pasado será muy elevada. Sólo lo conseguirán personas que tengan una enorme capacidad de liderazgo y un propósito que las impulse hacia el futuro que han visionado para la organización que dirigen.

 

Management del conocimiento

Tal como descubre Clear en su libro, los objetivos son buenos para planificar cómo conseguir resultados, pero en realidad la importancia de los sistemas es que hacen progresar realmente. El sistema lo construimos decidiendo lo que ponemos en nuestras agendas. El nuevo management del siglo XXI se fundamenta en poner a las personas en el centro. Las organizaciones son sistemas vivos formados por personas. No son máquinas formada por piezas que se mueven de forma predictible.

Una empresa es un sistema de personas y no una máquina de conseguir objetivos. Un sistema de personas necesita información útil para progresar, y necesita incentivos para seguir cambiando. Tener datos ayuda a celebrar las victorias del camino. El aporte a la sociedad aumentará cuando hayamos creado los sistemas adecuados no sólo para obtener más resultados para las empresas, sino también para las personas. Construyamos un nuevo management para que vivir mejor sea contribuir mejor.