CHUS BLASCO /Buscando certezas en la incertidumbre

¿Expertos en cambio?

Uno de los efectos de los cambios que ha provocado la pandemia es que nos ha creado una desagradable sensación de incertidumbre. Se dispara nuestra necesidad por tener certezas. Queremos reducir la incomodidad que sentimos y buscamos respuestas en aquellos que consideramos expertos. La cuestión es si es una buena solución.

Norrena Hertz nos advierte sobre las consecuencias de ser adictos a los expertos en su conferencia “Como emplear expertos y cuando no”. Hertz nos cuenta un experimento realizado con adultos a los que se escaneó el cerebro mientras escuchaban a unos expertos. Los resultados mostraron que mientras estas personas los oían hablar, las partes del cerebro con las que tomamos decisiones, literalmente se desconectaban. Hertz nos advierte de que los expertos también se equivocan, y nos invita a que dejemos de confiar ciegamente en que podemos eludir la incertidumbre. Parece que si confiamos en exceso en que sean otros los que encuentren las soluciones a nuestros problemas, desconectamos de nuestra capacidad de aprender. En la economía digital, es justamente la capacidad que más necesitamos.

 

Excusas y simulacros

El contexto actual exige cambio. Principalmente a todas las personas que tenemos responsabilidades en una empresa u organización. La transformación digital implica que tenemos que cambiar y adaptarnos. Pero a las personas cambiar no nos gusta. El cambio cuesta porque nos enfrenta a nuestra vulnerabilidad y al sentimiento de pérdida. Que los logros del pasado que tanto esfuerzo nos costaron conseguir ya no signifiquen nada, no es fácil de digerir. Cambiamos sólo porque nos vemos obligados a ello.

Como la respuesta natural es evitarlo, es muy fácil encontrar justificaciones. La mayoría no suele pasar de la fase de las excusas. Los que trabajan para otros, culpan a sus jefes de no impulsar cambios y los que tienen su propio negocio culpan a sus clientes porque no se adaptan. Los hay que culpan al capitalismo, porque dicen que la lógica de los resultados a corto plazo les impide actuar como les gustaría. Los hay que culpan a las personas que trabajan en su organización, porque dicen que no quieren adaptarse…

Otra de las estrategias más populares es la de los simulacros. Son las personas que eligen impulsar acciones que parezcan cambios pero que tan sólo son maquillaje. Se limitan a proponer pequeñas distracciones en las que parezca que se afronta la transformación prometida, pero que son fuegos artificiales efímeros que no cambian nada.

 

Empieza por ti y cruza la línea

1.- Lidera el cambio. Cambiar es una decisión personal que no es delegable. Cambia tú, y otros te seguirán. Si no lo hacen, cambia de socios o cambia de opciones. El cambio sería fácil si no fuera que siempre va a haber personas que se opongan.

2.- Empodera a los rebeldes. En cualquier organización hay siempre talento oculto al que no se le ha dado la oportunidad. Búscalos, escúchalos y dales apoyo para que consigan sus objetivos. Anímalos a atacar tus ideas y aléjate de los aduladores que no te llevan nunca la contraria. Para cambiar tu organización vas a necesitar personas apasionadas que quieran asumir riesgos apostando por ideas diferentes.

3.- Cruza la línea. Todos actuamos como si existiera una línea dibujada en los límites de aquello que conocemos. Nos da miedo atravesarla. Y nos esperamos a tener permiso. No sabemos dónde está la raya hasta que no la hemos cruzado.  ¿Tienes responsabilidad sobre un equipo? Asúmela. Es posible que te sorprenda que nadie te detendrá y es probable que otros te sigan.

4.- Aprovecha la inercia. Es posible que el resto de tu organización haga lo que quieres si simplemente empiezas a hacerlo. Cruzar la línea es un trabajo que hay que hacer en solitario. Eres tú quien debe empezar a ser el actor de lo nuevo. Si no te atreves a fallar en nada, ¿cómo vas a construir tu credibilidad?

5.- Actúa para cambiar. Puede ser que te esté paralizando una sensación de miedo que no responde a un riesgo real. Hazte un favor y cruza la línea. Desafíate a “fracasar” cuando lo hayas logrado. Entonces, desafíate de nuevo con retos mayores.

Necesitamos más personas dispuestas a cambiar y menos expertos. Las excusas y los simulacros no transforman nada. Las empresas que aprendan saldrán adelante y las que no se quedaran atrás. Lo que muchos no están viendo es que quedarse atrás es desaparecer. La soberbia intelectual no es una buena guía para afrontar la complejidad. Las empresas que nacen hoy tienen una mirada completamente diferente de las de hace tan solo un par de décadas. Piensan diferente. Saben que sin aprender no hay futuro. La era digital no es la era del conocimiento, sino la del aprendizaje.

 

“Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”. Charles Darwin