CHUS BLASCO / Buenas noticias y retos inaplazables

Datos, percepciones y valores

Como es habitual, los medios de comunicación de los últimos días del 2016 estuvieron llenos de resúmenes del periodo que finalizaba. La perspectiva de doce meses ayuda sin duda a destacar aquellos hechos de mayor trascendencia. En el plano económico, el diario Via Empresa destacaba “Les xifres d’un any de millora económica, afirmando que en el año 2016 se había iniciado la recuperación económica, haciendo énfasis en las cifras de paro, el aumento del salario mínimo interprofesional, el record de exportaciones y el gasto de los turistas.

Las percepciones

Para no engañarnos con falsas percepciones a la velocidad de los cambios actuales, se hace cada vez más necesaria la perspectiva en el largo plazo, más allá de un año natural. Asimismo, la economía local (de país), debe ponerse en contexto con la perspectiva global del planeta. En mi opinión, el mejor resumen que he leído estos días no es del 2016 sino de los últimos 200 años. Lo leí el 21 de diciembre gracias a un tweet de Alex Font en el que citaba y compartía el tweet con el que Max Roser publicaba una infografía con la evolución de las condiciones de vida en el mundo en los últimos dos siglos.

Los datos

Max Roser es un economista cuya investigación se centra en el crecimiento y la distribución de los estándares de vida en el planeta en el largo plazo. Es el fundador de la publicación OWID (Our World in Data), que muestra, con una mirada global, como las condiciones de vida han ido cambiado, de forma que podemos ver de dónde venimos y nde estamos hoy. En su artículo “A history of global living conditions in 5 charts” el autor explica su intento en contrarrestar las percepciones negativas sobre la evolución del planeta de la mayoría de las personas. De forma breve, los cambios más significativos en los que se basa su investigación se refieren a los siguientes aspectos:

Pobreza. En 1820 tan solo una pequeña élite disfrutaba de altos estándares de vida, mientras la inmensa mayoría de las personas vivía en condiciones de extrema pobreza. Desde entonces hasta la actualidad, la extrema pobreza ha caído hasta el 10%. Progresivamente, la industrialización de cada vez más regiones y los aumentos de productividad han permitido salir de la pobreza a mayor número de personas.

Alfabetización. – La mirada sobre la alfabetización de la población mundial es otro de los aspectos donde la mejora de los últimos doscientos años es incontestable. La probabilidad de saber leer y escribir en 1800 era tan solo de un 10%. En la actualidad, más de un 85% de la población mundial (¡6200 millones!) tienen estas capacidades.

Salud. La tasa de mortalidad infantil en 1800 era tan elevada que el 43% de los recién nacidos morían antes de cumplir los cinco años. Las causas de la mejora no se han debido tan solo a la mejora en medicina, sino también a una mejor dieta, condiciones de vida de las viviendas, y por supuesto, del desarrollo de los antibióticos y las vacunas. En 2015 la mortalidad infantil era tan solo del 4,3%.

Libertad. Para ofrecer la perspectiva sobre el cambio en libertades políticas en los últimos 200 años, el autor ha utilizado el % de personas viviendo bajo los diferentes regímenes: desde la democracia a la autarquía, pasando por diversos grados de anocracia. A principios del siglo XIX, más de un tercio de la población vivía en regímenes coloniales y prácticamente todo el resto vivía en países con regímenes autocráticos. En la segunda mitad del siglo XX, el mundo ha cambiado significativamente, y el porcentaje de personas viviendo en regímenes

democráticos no ha dejado de aumentar.

Fertilidad. – Uno de los aspectos de mayor impacto ha sido el aumento de la población mundial. A principios del siglo XIX era alrededor de 1000 millones de personas, habiéndose incrementado en 7000 millones desde entonces, con el consecuente aumento en necesidades de recursos y su impacto en el medio ambiente.

Educación. – Ninguno de los avances anteriores habría tenido lugar sin la expansión del conocimiento y la educación a lo largo de los dos últimos siglos. Las actuales generaciones han ido recibiendo progresivamente mejor educación que las generaciones que les preceden. Sin duda, la educación tiene una importancia capital en la mejora de la salud, la libertad política y el fin de la pobreza.

Los valores

Los datos aportan un conjunto de buenas noticias, pero también algunos retos inaplazables. La repercusión del gráfico-resumen de Max Roser en las redes sociales se aceleró como consecuencia de un tweet del economista Xavier Sala i Martin. Compartía la infografía acompañada con el siguiente texto:un gráfico para alegrar las navidades, aunque va a atragantar a más de un anticapitalista, desatando en Twitter una polémica sobre las bondades y las maldades del capitalismo. En seguida hubo opiniones que hacían énfasis en las desigualdades que el propio sistema capitalista había creado. Sin duda, los valores amplifican o restringen las conclusiones sobre los datos.

Decíamos en el artículo Si quieres vivir el sueño americano ves a Dinamarca, que “necesitamos tratar de entender mejor la complejidad del planeta en su globalidad, para afrontar de forma más efectiva qué es lo que ha pasado en las últimas décadas en la generación de riqueza y en cómo se ha distribuido”. La negación de los efectos perversos de la desigualdad en los países desarrollados, y en la pérdida de calidad de vida para todos los que en ella viven no ayuda a poner en valor todos los efectos positivos que también ha llevado consigo la libertad económica. Max Weber lo resume perfectamente: La libertad no es posible sin tener fe en la libertad de las personas. Sin tomar conciencia de nuestra historia y falsamente creyendo lo contrario de lo que es cierto, corremos el riesgo de perder la fe los unos en los otros.

 

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