CHUS BLASCO / ¿Brecha de género? ¡Es falta de poder!

El efecto mamá oso

La brecha de género económica es la diferencia entre mujeres y hombres que se refleja en los salarios, el número de líderes y la participación en el lugar de trabajo. Dicen los expertos que las mujeres recibimos peores remuneraciones en todos los sectores, incluso cuando emprendemos en nuestro propio negocio. Pero no es tan sólo una cuestión de género.

Me gusta particularmente el enfoque de la cuestión de Sheryl Sandberg, COO de Facebook y un referente femenino de éxito en la economía digital. Una de las razones por las que Sandberg explica que se produce la brecha de género es porque las mujeres “rebajamos nuestras propias expectativas sobre lo que podemos conseguir”. Resulta que la idea de reclamar más dinero o una promoción en la carrera profesional entra en conflicto con la idea que socialmente tenemos de feminidad. Cuando una mujer tiene éxito, rompe con el estereotipo femenino. Dice Sandberg que los hombres competentes y ambiciosos son felicitados, pero las mujeres competentes y ambiciosas son percibidas como avasalladoras y agresivas. Gustar a los demás y tener éxito profesional están positivamente correlacionados en los hombres, pero negativamente en las mujeres. No es una opinión, está validado científicamente. Este hecho, claramente perjudica a las mujeres, porque explica que el ser ambiciosa tiene costes ocultos. Muchas mujeres, al percibirlo intuitivamente, acabamos reduciendo nuestras expectativas en la carrera profesional, y también en nuestra remuneración.

 

No es capacidad de negociar, es poder

Algunos pensaran que las mujeres recibimos peores salarios porque nos faltan habilidades para negociar mejor. Lo que nos falta es mayor poder. Los salarios bajos son consecuencia de la baja o nula capacidad de negociar de los trabajadores, sean hombres o mujeres. Si no tienes opciones para negociar, no tienes poder.

En relación al poder que tenemos o no tenemos, es muy interesante la investigación de Adam Galinsky. Galinsky es un psicólogo americano que ha estudiado en miles de personas de todo el mundo cómo gestionamos el dilema de exponer o no nuestro propio punto de vista. Sus resultados demuestran que lo que muchas veces parecen diferencias de género son, en realidad, una falta de poder disfrazada. Galinsky expone que todas las personas tenemos lo que él denomina un rango de comportamiento aceptable. Las mujeres tenemos la misma necesidad de expresar nuestro punto de vista que los hombres, pero nos enfrentamos a otro tipo de obstáculos que hacen que dicho rango sea más estrecho. La falta de poder es una trampa que implica para muchas mujeres que, si no damos nuestro punto de vista, o si no reclamamos nuestros derechos, pasamos desapercibidas. Pero si lo damos, o si mostramos una mayor ambición y mayores expectativas, somos “castigadas” de algún modo.

 

El efecto mamá oso

Cuando tenemos poder, tenemos margen de maniobra en cómo comportarnos. Pero cuando nos falta el poder, tenemos menos libertad de acción”. Para ampliar el poder de las mujeres cuando negociamos a favor de nuestros propios intereses, Gravinsky facilita herramientas que contribuyan a que el rango de comportamiento aceptable pueda expandirse. Escuchar a Gravinsky me ha parecido todo un descubrimiento. Dice que hay una situación en la que las mujeres obtenemos los mismos resultados que los hombres y somos igual de ambiciosas que ellos: cuando abogamos por otros. Ayudar a otros amplia de forma extraordinaria el poder que te otorgas. Cuando intercedemos por otros, como una mamá oso que defiende a sus cachorros, podemos descubrir nuestra propia voz. Conocer y poner en práctica el efecto mamá oso puede ampliar de forma contundente nuestro rango de comportamiento aceptable. Cuando tomamos la perspectiva de otros y abogamos en su favor, las mujeres negociamos de forma excelente. Cuando intercedemos por otros, las mujeres descubrimos nuestros propios límites, los expandimos en nuestra mente y nos volvemos más decididas.

 

Los retos del futuro

Es necesario tomar conciencia y reivindicar la falta de poder de la mayoría de las mujeres. Es importante ampliar el rango de comportamiento aceptable, para que de forma igualitaria podamos expresar libremente nuestras opiniones. Es imperativo crear nuevos modelos de comportamiento que contribuyan a reivindicar mejores condiciones de trabajo, de sociedad y de modo de vivir, así como nuevos modelos de generación de riqueza más centrados en las personas.

Las mujeres no somos mejores, somos diferentes. Sobre todo, tenemos una mirada distinta, que resulta imprescindible en la era digital. Todas las personas deberíamos querer contribuir a crear un mundo en el que haya más mujeres empoderadas que encuentren su propia voz y puedan ponerla al servicio de otros. Entender el mercado requiere de transversalidad y de empatía. Por ello, incorporar a más mujeres a la generación de valor de la economía es clave. Las personas más empáticas son las que tienen más capacidad para cambiar el mundo. Motivar a las jóvenes a estudiar STEM es importante, pero lo que es crítico es cambiar las barreras culturales que les impiden competir profesionalmente en igualdad de condiciones en el sistema actual. Me gustaría que nos atreviéramos a imaginar una economía digital con más emprendedoras y empresarias que pongan en práctica el efecto mamá oso para contribuir a una generación de riqueza que resuelva los problemas reales que nos importan a las personas, y que ello nos lleve a una sociedad más sostenible, que respete a los ciclos económicos de la naturaleza y al planeta. En lugar de aspirar a más puestos de poder, preferiría que nos atreviéramos a cambiar el sistema.

 

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