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CHUS BLASCO / Al otro lado del miedo

Motivos y aspiraciones

Una buena amiga me confirma que ya ha tomado la decisión, que ha llegado su último día en el empleo en el que ha estado un par de décadas. Se había sentido muy cómoda trabajando allí, y también sentía que encontraba a faltar algo más. Le ha surgido una oportunidad y se ha tenido que hacer preguntas difíciles. Habíamos hablado sobre el vértigo de abrirte a nuevos horizontes cuando estás en una posición de seguridad. El miedo a la incertidumbre es paralizante, y ella ha sido valiente para vencerlo.

Cuando te sientes atrapado en un contexto que no te satisface, tienes que hacerte la pregunta de si te están pesando más tus miedos o tus aspiraciones. Puedes actuar para protegerte o actuar a pesar del miedo. Puedes aspirar a un futuro mejor o puedes no atreverte. El miedo no es sólo una señal de que algo anda mal. A veces es una señal de que lo estás haciendo bien. A veces, la falta de miedo es el problema real.

 

Amenazas, reales o no

Muchas personas piensan que pueden prescindir de adaptarse a los cambios en general y a la tecnología en particular. Antes de que se den cuenta, les será imposible coger el tren. Pero como no son conscientes, viven en la felicidad de la ignorancia. No sienten miedo, pero la falta de conciencia les impide progresar. Sin conciencia de lo rápido que cambia el contexto, no se dan cuenta de que tienen que aprender lo que necesitan y que aún no saben hacer.

Cuando asumes la responsabilidad de entrenarte en competencias que no tienes, vas a tener que enfrentarte a preguntas incómodas. También vas a tener que afrontar tu miedo al ridículo. Muchas personas no aprenden porque no quieren verse a sí mismas haciendo cosas que no dominan. Como ni siquiera intentan hacerlo, lo que provocan es aumentar su propio rechazo a ponerse en peligro. Y dejan de progresar.

La economía del conocimiento es tan sólo para los que se atreven a ir más allá del miedo a sentir un fracaso. No es una amenaza real, sino una señal que nos envía el cerebro. La evolución ha programado nuestro cerebro para la supervivencia, no para que persigamos nuevos retos. Cuando queremos hacer algo que no hemos hecho, el cerebro nos envía señales de incomodidad. Nos está “protegiendo”.

 

Estar motivado es tener motivos

Fracasar provoca emociones poco placenteras. Pero hay algo aún peor, que es el miedo al fracaso que se siente antes de fallar. Es esa la señal que tenemos que aprender a gestionar para que no nos paralice. Cuando entendemos el proceso como un aprendizaje, no hay fracasos. Tan sólo es una parte de una evolución hacia un lugar mejor. La motivación es tener motivos que nos ayuden a superar ese miedo. Cuando tiene significado seguir progresando más allá de tu zona conocida, empiezas a sentir que aún no has fallado lo suficiente como para que te compense dejarlo.

En la mayoría de los entornos laborales, las personas no se atreven a dar su opinión para evitar situaciones incómodas. Tienen miedo a sufrir “daños colaterales”. Así que, si diriges a un equipo de personas y quieres ayudarles a progresar, te sugiero que trates de airear los problemas que quedan ocultos. La forma de superarlos es abordar de frente la verdad y los miedos. En cualquier organización, la confianza puede ser contagiosa como un virus. Sólo que lo contrario también es cierto porque el miedo se propaga de la misma forma. Las personas somos inevitablemente sociales y aprendemos copiándonos los unos a los otros. Para bien y para mal, somos propagadores de virus.

Las personas que mejor se autogestionan son las que son más valiosas para trabajar en equipo y tener relaciones de colaboración positivas. El único inconveniente del empoderamiento personal es que, cuando las cosas no salen bien, no tienes a nadie más a quien culpar más que a ti mismo. La primera vez que asumes esta responsabilidad es aterrador. Pero es, justamente, la capacidad de enfrentar ese miedo y salir al otro lado lo que se convierte en la mejor ventaja competitiva para el progreso profesional y personal. El miedo, cuando lo usamos de forma adecuada, nos impulsa hacia adelante. El coraje no es la falta de miedo, sino la capacidad de sentirlo, y a pesar de ello, no dejar de avanzar.

 

«Todo lo que siempre has querido está al otro lado del miedo.» – George Addair