China ya ha ganado / Enrique Dans

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Artículo original de Enrique Dans (aquí)

El pasado martes, Eric Schmidt habló frente al Bipartisan Policy Center sobre inteligencia artificial y sobre el liderazgo del mundo en el futuro, y dejó las cosas completamente claras en ese sentido: China es el próximo líder mundial.

Es una evidencia que llevo tiempo defendiendo: escogiendo una forma de hacer las cosas completamente diferente y que en Occidente consideramos inaceptable, China ha logrado posicionarse como un líder mundial en las tecnologías que van a marcar el futuro de la humanidad, mientras el resto del mundo simplemente se relajaba o, como en el caso de los Estados Unidos, daba pasos hacia atrás.

«China está en camino de superarnos de muchas, muchas maneras, y están hábilmente gestionados de una forma diferente de la manera en la que nosotros lo haríamos (…) Necesitamos tomarlos en serio… van a conseguir una economía más grande, con más inversiones en I+D, investigación de mejor calidad, aplicaciones más amplias de tecnología y una infraestructura tecnológica más sólida.»

El gobierno chino lleva ya mucho tiempo afirmando, como se dijo en alguno de los recientes congresos del Partido Comunista, que su modelo no solo es diferente, sino que es superior, y que ha llegado el momento en el que China se posicione en el centro y haga más contribuciones al conjunto de la humanidad. Desde un punto de vista puramente estratégico, la forma de gobierno de China y la reinvención del capitalismo de estado llevada a cabo por Xi Jinping genera de forma natural iniciativas grandes, decididas e impulsadas de arriba hacia abajo, lo que implica una eficiencia más elevada. En palabras de Schmidt,

“El modelo chino es una visión de autoritarismo de alta tecnología incompatible con la forma en que trabaja Estados Unidos. No lo estoy reverenciando ni respaldando en modo alguno, pero debemos tomarlo en serio, porque tiene beneficios desde el punto de vista de la ejecución estratégica.»

Siguiendo con esa lógica, Schmidt habla de que un mundo en el que China controle la inteligencia artificial y el comercio no sería un sitio bonito en el que vivir, y de la necesidad de un plan a largo plazo y con abundante financiación para contrarrestar el dominio chino. En este sentido, propone un incremento del gasto en I+D desde el actual 0.7%, el porcentaje más bajo de la historia reciente, para lograr duplicarlo en los próximos cinco años. Según el ex-CEO de Google, la forma de combatir a China no puede ser mediante impuestos o prohibiciones a sus productos o servicios, el modelo seguido por la administración Trump, sino lograr moverse más rápido que ellos y dejarlos atrás. En este momento, el problema no es solo que China sea capaz de desarrollar tecnología más rápido, de forma más eficiente y con menores resistencias, sino que además, se está convirtiendo en una opción más atractiva a la hora de atraer y retener talento.

Son cuestiones que llevamos ya mucho tiempo discutiendo, y que tienen mucho que ver con los comentarios difundidos hace pocos días por Tim Wu en su artículo en The New York Times: China se ha comportado de manera unilateralmente asimétrica e injusta, y ha obtenido gracias a ello una enorme ventaja en términos de liderazgo sobre el resto del mundo, que le da acceso a los mercados de todo el mundo mientras mantiene la exclusividad sobre el suyo.

El análisis está servido, y son cada vez más las voces que defienden este tipo de teorías. China ha ganado ya, y aunque los parámetros macroeconómicos aún no lo demuestren, se ha convertido en el líder mundial, en el país que más datos genera para alimentar sus algoritmos, en el que más patentes posee relacionadas con la inteligencia artificial, en el que más desarrollos punteros es capaz de poner en práctica. Una sociedad completamente monitorizada, que no plantea ningún tipo de resistencia ante una gestión planificada y centralizada, y que acepta no opinar ni discutir sobre esa gestión a cambio de un nivel de bienestar económico más elevado. Podemos pensar que, como demócratas, no nos gustaría vivir en un país en el que no existe democracia. Pero lo que es indudable es que, a todos los efectos, China ha ganado ya.