Mucha mierda ! / #tomksk


27 junio 2018FORMACIÓN
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Estaba en la cabina de control del auditorio de Cosmo Caixa, habíamos repasado mil veces el acting del evento: luces, música, power point, micrófonos, pantallas, atril, guión…

Todo, estaba estudiado, milimetrado, repasado y ensayado. Yo estaba más que tranquilo: quince años de experiencia me permitían abordar el evento con total tranquilidad y serenidad. Eso sí, sin descuidar ningún punto del largo check list que repasábamos con religiosidad antes de cada evento.

Álvaro, un buen amigo que a propósito de esa amistad se había colado en la cabina, al darse cuenta de su poca utilidad en aquél recinto, se apresuró a despedirse dándome una sonora palmada en la espalda a la vez que, muy sonriente, me espetaba:

Tomás, ¡mucha mierda!

¿Mierda?
¿Mucha mierda? ¿Qué había querido decirme Álvaro al salir tan precipitadamente de su aventurada intrusión?

No me cabreé, porque sabía de sobra que no me estaba mandando a ninguna parte, sino que me estaba deseando suerte (éxito).

Mucho antes de que yo empezara a organizar eventos, en el siglo XVI, época dorada del teatro (corrales de comedias), antes de empezar la función, los comediantes estaban preocupados por la asistencia de público. ¿Había venido mucha gente? ¿estaba lleno?
Pero, sobre todo, lo que les preocupaba no era tanto el número de asistentes como la calidad de los mismos. Lo importante era que asistieran los ricos del lugar pues, en aquella época, no se cobraba entrada y las ganancias dependían del dinero que, concluida la función, los espectadores lanzaban al escenario.

Y  ¿qué tienen que ver los ricos con la mucha mierda? os estaréis preguntando.

Fácil.

Los pobres iban al teatro a pie, los ricos asistían al espectáculo en coche de caballos. Después del largo paseo desde sus casas, al detenerse en la puerta del teatro, los caballos aprovechaban para hacer sus necesidades. Cuando la obra estaba a punto de empezar, un actor salía a comprobar la cantidad de excrementos que había en la calle. Cuanta más había, más gente de dinero había entrado a ver la representación.

Si todo iba bien, el actor que había salido a comprobar la asistencia, volvía al backstage diciendo excitado:

– ¡Muy bien!

– ¡Mucha mierda!

Hoy me he liado con esto de la mierda porque en las estrategias de captación de leads en la Red observo que hay bastante confusión: suele buscarse más llenar el teatro que conseguir que los que asistan lo hagan en coche de caballos.

¡Cantidad versus Calidad!

– ¡Ay!

Me refiero concretamente al SEM y al SEO, esa obsesión de algunos Gerentes (no puedo llamarlos CEO) por hacer lo imposible y lo impensable para conseguir visitas, visitas y más visitas a su sitio web, sin pararse ni un segundo a pensar que, como en aquellos corrales de teatro del S XVI, lo importante no es llenar el teatro de cualquier público, sino del público adecuado. Llenarlo de público capaz de arrojar mucho dinero al escenario, capaz de comprar nuestros productos, de generar beneficios.

Dale un par de vueltas antes de embarcarte en la consecución de visitas, visitas y más visitas porque, si no afinas en tu target, puede ser que tú y tu empresa os acabéis yendo a…

¡¡Mucha mierda!!

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Sobre el autor

mm

Tomas Cascante Conde Me sumo a Gabriel Celaya cuando en “La poesía es un arma cargada de futuro” enuncia, ya adentrado en su poema, “…me siento un ingeniero del verso y un obrero…".
- Yo como él, también soy y me siento un ingeniero del verso y un obrero que informa y forma, con otros, a nuestra sociedad en el nuevo paradigma digital.
Hago BARCELONADOT porque creo que la comunicación es una poderosa arma que, adecuadamente cargada de presente, nos proyecta positivamente en el futuro.
No quiero ni en broma compararme con tan insigne artífice del verbo, pero a veces cuando subo a mi Azotea a darle a estas crónicas -que de vez en cuando escribo- también me siento un poco tonto por esa alegría que siento al encadenar ideas en palabras y ponerlas al servicio de una causa, por tonta y sencilla que ésta sea.
Y ya está.
Presentado estoy.

Aquí os dejo con un corto poema de Celaya que a veces acude a mi memoria, allá en la inspiradora oscuridad de mi atalaya:
" Debo ser algo tonto porque a veces me ocurre que me pongo a hablar solo, y digo cosas locas, digo nombres bonitos de muchachas y barcos o títulos de libros que nadie ha escrito nunca. Debo ser algo tonto. Babeo, grito y lloro. Los verbos absolutos me llenan de ternura y esas vocales sueltas, inútiles, redondas, que vuelan para nada, me elevan boquiabierto hacia no sé qué gozos. Soy feliz y, por eso, también un poco tonto. "
(Gabriel Celaya)



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