CHUS BLASCO / Ambición, éxito y reputación


5 noviembre 201804 Empresa
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Minoría emprendedora

En la economía global, para entender la creación de empresas como fenómeno, uno de los factores clave está en el comportamiento y la trayectoria de las personas que están en el origen de su creación. En Catalunya, el porcentaje de personas emprendedoras entre la población de 18 a 64 años a finales del 2017, la llamada tasa de emprendimiento era de un 8%. Es un dato que refleja razonablemente buena salud. Esta tasa oscila entre países y suele estar entre un 5 y un 7% y llega hasta un 9% en los países más innovadores. Una investigación demuestra que aquellos que consiguen convertir su proyecto emprendedor en empresas con alto potencial de crecimiento representan tan sólo un 5% del total de las personas que emprenden. Es una minoría de personas que suelen tener como motor inicial una real ambición de ganancias, nacen globales y se orientan a construir un modelo que genere valor. Pero el 5% del 8% no es mucha gente.

 

¿Es malo ser ambicioso?

La ambición es el motor interno que impulsa a las personas a la acción. Es el deseo que visualiza elevadas expectativas y que impulsa las acciones que conseguirán metas ambiciosas, inalcanzables para el resto de las personas. Ser ambicioso no es malo. Tiene que ver con el deseo de ser mejor, y por tanto es un motor de progreso, desarrollo y evolución. El problema es cuál es la intención. Cuando la ambición se traduce en ansia de poder, riqueza, estatus, o todas juntas y no importa dañar a los demás para conseguirlo, entonces la ambición es un motor de destrucción. No puedo dejar de mencionar el reportaje del AraEmprenemRodrigo Rato: historia d’una ambició” para ilustrarlo. La historia de Rato es un relato de una carrera desenfrenada hacia el poder y la gloria que acumula juicios por numerosas causas y que culmina con la entrada en prisión por el escándalo de las tarjetas “black”. Su ambición desmedida, más la acumulación de poder de una persona brillante intelectualmente que se sabía intocable han sido catastróficas.

 

Éxito empresarial

El éxito empresarial es una construcción que ha elaborado el capitalismo y que nos ha parecido natural durante décadas: una empresa tiene éxito cuando gana mucho dinero; cuando las empresas ganan mucho dinero hay prosperidad y bienestar social… Durante décadas funcionó razonablemente bien. Pero hay muchas historias de éxito que ocultan consecuencias no visibles que debemos reconocer e interpretar. Nos han deslumbrado éxitos empresariales y personales que no reciben las consecuencias de los actos que han provocado. La crisis fue provocada por la destrucción sistemática de valor, y el éxito no debería ser compatible con la destrucción. A las personas nos encantan las historias de éxito, pero los éxitos que implican destrucción de valor deben ser condenados y no aplaudidos.

La ambición es el motor del emprendimiento, de la creación de empresas y del progreso económico de una sociedad. En la economía del conocimiento, la minoría emprendedora pone su ambición personal de tener éxito al servicio de la creación de proyectos emprendedores. Tienen la capacidad de construir valor a partir de las competencias de los equipos que los impulsan. Crean empresas que mediante su actividad operativa tienen la capacidad de multiplicar el coste del capital humano generando valor para la economía y la sociedad. Gracias a la tecnología digital y a la posibilidad de compartirlo gracias a Internet, las personas se convierten en capitalistas del potencial humano.

 

La reputación importa

Las personas somos animales sociales, y nos importa lo que dicen los demás. La percepción del éxito importa porque los demás no nos juzgan por lo que hemos hecho, sino por lo que ven de lo que hemos conseguido. La reputación se construye a lo largo del tiempo cuando ponemos nuestros valores en acción. La identidad es lo que refleja nuestros valores, es personal y es lo que nos ayuda a conectar con los demás. No importa el ritmo, sino la forma en la que pones los valores en acción, qué comportamientos son recompensados y cuáles son inadmisibles. Las crisis acostumbran a ponernos en contacto con lo que realmente es importante, hace que nos concentremos en nuestras prioridades, y no en las de las demás.

En la economía digital la reputación importa porque habla de trayectoria. Tal como afirma el fundador y CEO de Amazon, Jeff Bezos, “uno se gana la reputación intentando hacer bien las cosas”. La construcción de una reputación solo puede hacerse desde la identidad. Cuando la reputación se construye en función de las percepciones que queremos construir, nos alejamos de nuestra identidad. Cuando ponemos demasiado el foco en lo que piensan de nosotros los demás, estamos alejándonos de lo que es esencial. La identidad se construye cuando no te preocupas de lo que dicen los demás de ti.

 

 

“La mayoría de la gente tendría éxito en las pequeñas cosas si no estuviera tan preocupada por grandes ambiciones.” Henry Wadsworth Longfellow

 

Sobre el autor

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MJBlasco Socia co-fundadora y consultora de Afca.cat (2007), empresa de consultoría especializada en Estrategia y Finanzas. Ayudamos a personas que tienen empresas a mejorar sus procesos de creación de valor y sus resultados. Licenciada en Ciencias Empresariales y MBA por ESADE y en Administración y Dirección de Empresas por la Universitat Ramon Llull. El hilo conductor profesional en clave de especialización son las finanzas. La motivación es el management, la ciencia social que se reinventa al ponerse al servicio de las organizaciones centradas en las personas. Profesora de Estrategia y Finanzas del Master en Design Management de BAU y formadora de Estrategia y Finanzas para empresas y emprendedores. Autora del libro “Nuevas Finanzas para Nuevos Negocios” (Editorial UOC) y co-autora de la “Guia para la autoevaluación de empreses. Claves para mejorar tu negocio” (ACCID).


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